¿El mayor riesgo de desastres es la pérdida de biodiversidad? Un llamado urgente a repensar nuestro desarrollo
La quinta sesión de la Escuela Municipal de Formación en Biodiversidad fue impartida por Jaime Soto, secretario ejecutivo de la Asociación de Municipios Parque Nacional Nonguén, entidad que agrupa a las comunas de Chiguayante, Hualqui y Concepción. Abordó una premisa que desafía la visión tradicional de las emergencias: hoy, el mayor riesgo de desastres a nivel global es, precisamente, la pérdida de biodiversidad.
Históricamente, la gestión de desastres se ha centrado en enfoques reactivos, vinculados a la seguridad nacional o a la mitigación técnica tras el impacto. Sin embargo, Soto plantea que debemos cuestionar críticamente los modelos de desarrollo actuales, marcados por una urbanización acelerada, consumo excesivo de energía y degradación del entorno, factores que, en su conjunto, exacerban las vulnerabilidades de nuestras comunidades.

La biodiversidad como infraestructura natural
Lejos de ser solo un espectador pasivo, la naturaleza desempeña un rol activo en la protección de los territorios. Se puso énfasis en que los ecosistemas saludables —como bosques, humedales, laderas vegetadas y arrecifes— funcionan como una “infraestructura natural” capaz de amortiguar impactos físicos extremos.
“La biodiversidad no es solo víctima de los desastres, sino nuestra primera línea de defensa contra ellos”, enfatizó durante su exposición. Ante esto, el gran desafío es integrar la protección de la naturaleza en la planificación territorial. Según nuestro expositor esto es esencial no solo para responder eficazmente a las emergencias, sino para evitar la creación de nuevos riesgos desde la raíz.
Un enfoque de resiliencia
La presentación también abordó la importancia de pasar de una cultura de “preparación y respuesta” a una de “resiliencia”, definida como la capacidad de un sistema o sociedad para soportar, absorber y adaptarse a situaciones adversas, mejorando cualitativamente sus condiciones de desarrollo.
En este contexto, se hizo un llamado a entender la reducción del riesgo de desastres como un proceso transversal y permanente. “Sin reducción de riesgo de desastres, no hay sostenibilidad”, concluyó el relator, instando a las autoridades y a la comunidad a incorporar estas miradas en la gestión local, donde la intersección entre amenazas naturales y vulnerabilidad social exige soluciones que pongan a los ecosistemas en el centro de las decisiones.
Esta jornada se consolida como un espacio fundamental para dimensionar cómo el conocimiento técnico y la protección del patrimonio natural deben dialogar para construir un territorio más seguro y preparado ante los desafíos climáticos del futuro.